El reto de ser matronas en la primera mitad del siglo XX

Ángela Torres.

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"Las Matronas en Málaga y provincia (1900-1956). Estudio cualitativo, en perspectiva historiográfica y de género", tesis doctoral presentada en la UMA por Ángela Torres, vocal de matronas en el Colegio de Enfermería de Málaga


Ángela Torres es la vocal de matronas del Colegio de Enfermería de Málaga. Se diplomó en Enfermería en el año 1983 y al acabar la carrera hizo la especialidad. Después de un par de años cogió su plaza en Atención Primaria en el Centro de Salud Palma Palmilla donde coincidió con un equipo joven de médicos y enfermeros con ganas de trabajar y que puso en marcha muchos programas de vacunaciones, planificación familiar, control del embarazo... Pasó 16 años en el distrito de La Trinidad y también ejerció en Alhaurín el Grande. Ya en el 2006 consiguió su plaza como matrona en el Hospital Regional Carlos de Haya y desde hace cinco años trabaja en el área de partos.

En el 2010 terminó el máster de Nuevas Tendencias de Investigación en Ciencias de la Salud. Un año después se lanzó a realizar la tesis doctoral, decantándose por el estudio de un periodo histórico y sus complejidades. Bajo el título "Las Matronas en Málaga y provincia (1900-1956). Estudio cualitativo, en perspectiva historiográfica y de género" defendía su tesis doctoral el pasado junio en la Universidad de Málaga (UMA).

Su tesis se centra en unos años en que la profesión era independiente hasta 1956 que pasa a ser una especialidad dentro de ATS, ¿Esto le ha afectado a las matronas?
El principal cambio es que ahora somos enfermeras también y podemos desarrollarnos en más campos. En aquel tiempo, solo era para embarazos partos y puerperio. Ahora tocas todas las etapas reproductivas de la mujer: anticoncepción, reproducción, embarazo, menopausia.... Se trata de una figura importante en diferentes momentos de la vida de la mujer.

¿Cómo era la atención a domicilio?
Leyendo las cartas o escuchando los testimonios, me ponía en su lugar, cómo accedían a sitios remotos, las distancias de entonces por recorrer, la situación económica generalmente de pobreza, la mortalidad maternal y fetal que existía era elevada al no contar con los medios necesarios en las casas...Yo quería que en mi trabajo saliera el área rural y tuve la suerte de poder hablar con una matrona de Antequera, dos de Ronda y una de Fuengirola y descubrir las ínfimas condiciones en que trabajan estas profesionales que hacían lo que podían.

¿Qué diferencias había entre los partos en ciudades o en zonas rurales?
La red de matronas se iba extendiendo lentamente pero llegaban a las ciudades que es donde se cobraba más, así que seguía habiendo muchos sitios donde la asistencia la practicaba una partera, que podía tener muy buena práctica pero ninguna formación para poder atender dificultades, cuidados de la madre... Así que dependiendo de dónde la mujer vivía podía tener mejor acceso a las condiciones favorables del parto y eso se comprueba con los datos de mortalidad.

¿Alguna historia que le haya llamado la atención?
El caso de una matrona que trabajó en Campillos y Archidona me tocó mucho, porque era una mujer que tenía siete hijos y su marido estaba enfermo por lo que los ingresos dependían de ella. En aquella época las autoridades protegían a las parteras ilegales de las villas y cuando ella llega como matrona titulada y se da cuenta que no puede hacer partos porque se los dirigen a la partera, escribía cartas al Colegio para denunciar esta situación de prepotencia.

Otro de los aspectos de los que habla es de la subordinación.

El reglamento de personal sanitario fijaba que estaban bajo la dirección del tocólogo de distrito que había en cada casa de socorro y las matronas estaban a las órdenes de estos facultativos, era una jerarquización que se daba aunque tenían autonomía en los partos normales. Hoy en día, la ventaja es que trabajamos en equipos multidisciplinares y en permanente contacto por lo que si hay alguna complicación hay un respuesta inmediata, además de por estar en un hospital.

¿Otros paralelismos?
Hay una cosa común de las matronas antiguas y las actuales y es que nos vinculamos con la mujer, mas en atención primaria, porque viene a ti, te cuenta sus problemas y dificultades, y eso también aparecía en las cartas de las matrona, cómo a veces ayudaban mas allá de su trabajo. Esa ayuda de mujer a mujer creo que no deberíamos perderla, esa complicidad. Hay una frase que se me grabó: "No me pagó nada y encima al día siguiente tuve que llevarle ropita de mi niño y un cacillo de leche".

Alguna curiosidad.
En los casos que había riesgo de muerte del neonato, las matronas tenían la función de administrar el bautismo, hay anotaciones de "se administra agua de socorro", por ejemplo, que llaman la atención.

¿Cómo eran valoradas por la sociedad?
En las cartas no hay mucha información porque eran comunicaciones profesionales con el Colegio, pero en los archivos y las entrevistas sí he podido verlo, cuando te dicen "la gente me quería", "no podía andar por las calles del pueblo 100 metros sin que me parasen". La mayoría eran designadas por doña, como señal de respeto, pero sin embargo incluían el diminutivo del nombre (Francisca-Paquita) como señal de cariño.

¿Con qué se queda después de haber realizado el estudio?
Las grandes dificultades que estas profesionales han tenido para poder realizar su trabajo en esos 56 años donde ha habido un cambio enorme de la mujer en la sociedad, con el derecho al voto, las leyes que favorecían el aborto o el divorcio con la República, el acceso al mundo laboral... para después retroceder durante los 40 años de dictadura. Eran mujeres adelantadas a su época porque trabajaban en un mundo masculino y eso tiene una connotaciones, por ejemplo, como el que la mayoría eran solteras (54,7%) o abandonaban la profesión al casarse y tener hijos por lo que más de la mitad eran menores de 30 años (54, 2%).

¿Qué es lo que le ha resultado más complejo del estudio?
Es laborioso el recabar datos, el pasarse días en los archivos de diferentes municipio con la lupa y examinar documentos deteriorados o con letras ilegibles. También el hacerlo compaginándolo con el trabajo y la vida personal. Ha sido un trabajo lento pero muy gratificante y que de alguna forma me ha hecho hacer mías esas historias porque eran personales, porque te identificas y porque hay párrafos que nunca olvidaré. Sin duda me ha hecho crecer no solo a nivel profesional, sino también personal.

Ángela Torres, se emociona aún cuando recuerda algunos detalles de esos manuscritos con los que ha convivido tantas horas en los últimos tres años. Aún sigue con ganas de más, porque afirma que "las investigaciones mejoran la profesión y eso repercute en la calidad de vida de los pacientes", por ello ya se plantea la futura realización de un estudio sobre la lactancia materna.

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