12Diciembre2018

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Pasiones pasadas

Mi adorada Beatriz, de acuosos ojos verdes e interminable y ondulada melena de color castaño oscuro, se casó conmigo bajo la acuciante lluvia de un día cinco de mayo y fuimos felices durante dos años, tres meses y nueve días. La dicha nos acogió cariñosamente en su seno hasta una nefasta tarde en la que las inclemencias meteorológicas, tal vez la misma lluvia que nos vio unirnos en sagrado matrimonio, y también la mala fortuna, por qué no decirlo, me arrebataron de los brazos a mi amada esposa, tan bella como las flores.

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  • Escrito por EL PERIODISTA SALVAJE
04. El turista

El turista

Estos meses de invierno, y por motivos profesionales, he trasladado mi domicilio a un pequeño apartamento ubicado muy próximo al mar en La Carihuela, zona que compensa los excesos y la aglomeración del verano con una calma densa durante el resto del año. Cuando los últimos turistas terminan sus vacaciones, esta área del litoral malagueño se sume en un sueño reparador, prácticamente despoblado de sobresaltos. Sólo los que tienen un negocio situado allí (que son pocos) y los que debido a su dorada jubilación se han convertido en eternos turistas, instalados por y para siempre en la Costa del Sol, fijan su residencia permanente en este célebre barrio de Torremolinos. De modo que el sitio se vuelve un lugar plácido para trabajar sin interrupciones, pasear ajeno al caos del mundo moderno y disfrutar de rebosantes jarras de cerveza en los perennes pubs.

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  • Escrito por EL PERIODISTA SALVAJE· ILUSTRACIÓN: ALICIA MULA
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El buen pastor

Cómo pasa el tiempo, no corre sino vuela. Parece increíble pero el próximo mes de enero se cumplirán ocho años de mi llegada a esta casa, instante que supuso el inicio de mi actividad profesional. Sí, como lo oyen, hace ocho años ya. Y es que empecé a trabajar siendo yo apenas un niño, pero esta vida que llevo curte a uno y pronto comencé a valerme por mí mismo y a hacerme con el control de la situación. En esta etapa he aprendido mucho y la verdad es que no me arrepiento de mi día a día. Lo aprecio y amo. Es cierto que a veces fantaseo con la posibilidad de otra existencia sin presiones ni responsabilidades, pero quién no se deja arrastrar por la imaginación esporádicamente. Todos somos débiles en ciertas ocasiones. Pero, siendo sincero, les digo que ahora mismo no podría adaptarme a otra rutina que no fuese la que sigo desde hace casi ocho años. No, me sería algo imposible. Lo tengo clarísimo.

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  • Escrito por EL PERIODISTA SALVAJE· IMAGEN: ALICIA MULA
Tres veces

Tres veces

Uno, dos y tres, y así sucesivamente. Uno, dos y tres otra vez. Uno, dos y tres, y todo inevitablemente triplicado. Uno, dos y tres, y César Vallejo, común hombre de mediana edad y pequeña complexión, dedicado al campo de la investigación académica, empezó a ir a terapia; no tuvo más remedio. Había perdido el control de su vida por una fijación numérica que le devoraba las entrañas. Todo debía llevarlo a cabo tres veces seguidas o si no... César sabía que algo atroz ocurriría. Y aunque nada trágico sucediese, él sentía que la acción quedaba sin cerrar, que no era correcto aquello de realizarlo una vez; no, debía volver (sí hacía falta) y repetirlo hasta tres veces, presa de superstición y miedo a esa religión matemática que él mismo había confeccionado.

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  • Escrito por FERNANDO GARCIA DE LA CRUZ·FOTO:ALICIA MULA
Desmejorado

Desmejorado

No muchos lo saben pero existe en Málaga un barco, un antiguo ferry, que dos noches a la semana cruza la bahía de un extremo a otro. Va lleno de rocas procedentes de una cantera. Las piedras transportadas están siendo utilizadas para construir un dique más allá del municipio de Benalmádena. Mientras que la carga ocupa todo el espacio disponible en la bodega, la zona superior de la embarcación, lugar que antaño acogía a los viajeros cuando la nave realizaba sus labores de transbordador, navega ahora desierta. Y el capitán (no diré que sea un corrupto, pero jamás rechaza la oportunidad de obtener un pellizco de dinero extra) permite, a cualquiera que abone un módico precio, surcar las aguas de la bahía como pasajero del barco.

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  • Escrito por EL PERIODISTA SALVAJE· ILUSTRACIÓN: ALICIA MULA
Siete de corazones2

Siete de corazones

Como si repentinamente fuese víctima de algún deslavazado e incomprensible conjuro, de vez en cuando hasta ella misma se hartaba de su imperturbable y abúlica forma de ser. Aunque sólo muy de vez en cuando, generalmente esto se producía un día a la semana; era el momento en el que se permitía ser otra, que no mejor, tampoco peor; únicamente otra. Digamos que se transmutaba en una persona diferente. Entonces, presa de la impaciencia, cogía ella el teléfono y me llamaba, o me escribía desde su ordenador, y me preguntaba qué tal me iba o qué tenía nuevo para contarle o relatarle, o qué me parecía hacer tal o cual plan esa tarde o a la noche; y yo, siempre accesible, por siempre dispuesto a su servicio, respondía que andaba genial, que la cosa iba sobre ruedas y que claro que me apetecía quedar; que eso ni lo dudase. Luego, concretábamos los esporádicos detalles y ella colgaba o abandonaba el teclado, según el caso, y yo permanecía unos segundos, qué largos e inevitables se me hacían (tal vez en esos momentos yo también era presa de un deslavazado e incomprensible conjuro, ni mejor ni peor que el suyo; tan sólo distinto), con el teléfono pegado a la oreja o, en su caso, los dedos sobre el portátil, y sentía una inmensa y boba alegría, pero también me embargaba la pena, una especie de culpa moderna.

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  • Escrito por FERNANDO GARCÍA DE LA CRUZ· IMAGEN: ALICIA MULA

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