19Mayo2019

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Nunca conocí Nueva York

Ha sido un día imperfecto, lo sabes. Además, sabes de sobra que ya se marchó el verano y se llevó la alegría. Todo ha quedado atrás salvo la noche, aquí sólo permanecen la desapacible noche y la agobiante ciudad, un lugar donde por este tiempo siempre nos llueve a cántaros. Mas no te refugies bajo el improvisado paraguas de una parada de autobús, ni ignores el cadencioso son que produce la lluvia cuando cae desde las alturas y rítmicamente golpea el suelo circundante; agua celestial que se precipita y choca contra el vidrioso techo que, sobre tu cabeza, te protege de las inclemencias meteorológicas.

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  • Escrito por EL PERIODISTA SALVAJE
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El otro

Cuando de madrugada uno vuelve andando a casa solo y ha de cruzar esas largas e inacabables avenidas huérfanas de tráfico, en las que los frondosos árboles que dormitan proyectan sombras sobre la acera, filtrando la luz amarillenta y artificial de las farolas, puede sentirse la presencia del otro en su eterno merodeo. Si se agudiza el oído y se atiende con auténtica concentración, resulta perceptible y reconocible la sonoridad de unas pisadas duplicadas, copias prácticamente idénticas del caminar propio, salvo que ligeramente (más bien, debiera decir que imperceptiblemente) desacompasadas. Y se nota que por momentos, al principio dichas pisadas eran lejanas e inaudibles, se acercan o al menos se escuchan con mayor intensidad o estruendo.

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  • Escrito por EL PERIODISTA SALVAJE
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Tiempos modernos

A través del cristal parcialmente empañado, veo que ha dejado de llover y las gotas, que antes caían del cielo, ya no golpean el resbaladizo pavimento. Le entrego un billete al conductor y me apeo del taxi en plena avenida, con tráfico en ambos sentidos, mientras los rayos de luz comienza a filtrarse entre la muralla de nubes, cada vez más menguante. El blancuzco taxi refulge ante mis ojos con un brillo magnético, por lo que me alejo de él aterrorizado. Atravieso la calzada y flanqueo una moto de dos cilindros y un todoterreno que, exhaustos, tocan el claxon, impacientes por reanudar la marcha.

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  • Escrito por EL PERIODISTA SALVAJE
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Recordando a ‘El hombre sentimental’

Nada, ocho veces de cada nueve nada me abate o aflige y mi día, por tanto, acaba bien; concluye de forma mágicamente suave y pacífica, sin sobresaltos melancólicos. Dentro de una irreal armonía floto a la deriva y desconecto de los quehaceres cotidianos pertenecientes al reino de la vigilia, deshaciéndome de esta o aquella preocupación, de este o aquel asunto pendiente, de este o aquel recado o encargo persecutor desde la víspera que se ha quedado sin hacer y, por consiguiente, resulta retrasado, siempre en la lista de lo postergado.

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  • Escrito por EL PERIODISTA SALVAJE
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Invisible

El hombre invisible sueña con verse reflejado y al fin poder apreciar sus formas. Después de toda una vida de espera, contempla sus anhelados contornos. Y ese es su gozo, un placer compuesto de simple felicidad. Sin embargo, de repente despierta y se sumerge en la pesadilla del cruel y repetitivo espejo, superficie pulida que nada le muestra salvo transparencia y lo que hay detrás de su inexistente figura. Le revela tan poco como la tinta mojada que resbala a través de la hoja de papel y que, lentamente, se escurre oleaginosamente hasta volver inapreciables para el ojo humano las letras que forman palabras, esos entes invisibles...

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  • Escrito por EL PERIODISTA SALVAJE

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